julio 2, 2026
En México el petróleo y el gas siguen siendo centrales para el funcionamiento de la economía pues todavía hoy constituyen más del 80% del consumo energético del país, sin embargo, debido a que la producción nacional de hidrocarburos convencionales se encuentra en declive desde hace dos décadas, como consecuencia del agotamiento material de los mejores recursos petroleros, el país mantiene una profunda dependencia de las importaciones de estos recursos para cubrir su consumo interno.
En este contexto, la explotación de los hidrocarburos no convencionales ha vuelto a aparecer como una posible vía para aumentar la oferta interna de gas y petróleo. Los yacimientos no convencionales tienen características geológicas que impiden extraer petróleo y gas mediante métodos ordinarios. Su baja permeabilidad obliga a emplear fracturamiento hidráulico o fracking para romper la roca; su limitada productividad exige perforar de manera continua y masiva; y su explotación requiere grandes volúmenes de agua, infraestructura, caminos, ductos, transporte, manejo de residuos y ocupación recurrente del territorio. Se trata de una forma de extracción intensiva que multiplica y amplifica impactos que la industria petrolera ya ha generado históricamente: presión sobre el agua, contaminación, fragmentación territorial, tránsito pesado, emisiones, residuos y conflictos por el uso del suelo.
La discusión pública suele concentrarse en si el fracking contribuiría o no a reducir la dependencia energética; no obstante, este planteamiento ocurre sin un dimensionamiento adecuado sobre los costos materiales que supondría emplear la técnica: cuántos pozos implicaría, cuánta agua requeriría, dónde se obtendría esa agua, qué poblaciones quedarían expuestas, qué formas de tenencia de la tierra serían afectadas y qué territorios indígenas, rurales y urbanos se intersecarían con las áreas de interés. El problema no es sólo si existen hidrocarburos en el subsuelo y si se pueden extraer, sino que también se deben considerar las condiciones sociales, hídricas y territoriales bajo las cuales ocurriría su extracción.
Además de la falta de un dimensionamiento sobre el costo material del fracking, la forma en la que hoy se promociona la técnica como una opción para la suficiencia energética del país guarda una profunda contradicción ya que, por su naturaleza, el fracking es una actividad con impactos profundamente locales, mientras que la información pública disponible sobre la ubicación de las regiones con potencial para explotar hidrocarburos no convencionales se volvió cada vez más general, fragmentaria y difícil de consultar. Para una comunidad, un ejido, una ciudad o un pueblo indígena no basta saber que existe potencial en una provincia geológica extensa, como comúnmente se documenta: lo relevante es conocer si las áreas potenciales a ser explotadasse aproximan a su territorio, a sus fuentes de agua, a sus caminos, a sus tierras o a su zona de vida.
Ante esta falta de información, CartoCrítica analizó la información disponible y otra obtenida a través de solicitudes de información por transparencia para dar luz sobre las comunidades potencialmente impactadas por el posible impulso al fracking en el país. Si bien, este aporte no pretende sustituir la obligación del Estado de proporcionar información suficiente y precisa, contribuye a dimensionar los riesgos a lso que se verían afectadas más de 6 millones de personas que habitan en las regiones con potencial de extracción de hidrocarburos de yacimientos no convencionales.
Manuel Llano Vázquez Prada
Director de CartoCrítica
Es Maestro en Antropología Social, por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado en diversos proyectos e iniciativas de conservación de la biodiversidad y defensa del territorio en México, Centroamérica y Asia, desarrollando sistemas de información geográfica y promoviendo la transparencia y el acceso a información pública. Colabora con diferentes organizaciones locales e internacionales.
Manuel es director de CartoCrítica, organización que articula datos espaciales, investigación e incidencia para la defensa del territorio frente al extractivismo minero, hídrico y petrolero. Ha coordinado estudios sobre impactos ambientales, sociales y de salud, promoviendo el acceso a la información y la justicia ambiental en México.
José Rafael Flores Hernández,
Investigador de CartoCrítica
Es ingeniero petrolero egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM. También tiene estudios sobre Decrecimiento por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se especializa en temas ambientales y de la energía, como el sector petrolero, el impacto ambiental del uso de la energía, el pensamiento crítico sobre los modelos de desarrollo. Ha colaborado en proyectos del sector público, como el proyecto PLANEAS (Plataforma Nacional de Energía, Ambiente y Sociedad) del CONAHCYT (ahora SECIHTI), y también con asociaciones civiles como CartoCrítica y colectivos como Geocomunes. En ello ha prestado servicios de investigación y análisis sobre temas como: evaluación del sector petrolero mexicano, impactos hídricos del fracking, impactos ambientales del sector hidrocarburos, transporte de hidrocarburos, geopolítica del gas, entre otros.
Beatriz Olivera Villa
Investigadora y Directora de ENGENERA
Es ingeniera industrial y maestra en ingeniería por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es doctorante en desarrollo rural en la Universidad Autónoma Metropolitana.Ha trabajado en el sector privado, público y en la academia, como profesora del posgrado en energía de la facultad de ingeniería en la UNAM. En los últimos 16 años ha trabajado para organizaciones de la sociedad civil como investigadora en Greenpeace, Oxfam y Fundar, Centro de Análisis e Investigación.Actualmente es directora de la Organización no gubernamental Engenera (Energía, Género y Ambiente) e integrante de la Alianza Mexicana Contra el Fracking.